I - San Pedro el Viejo.

II La Fuente del Amor (La Fuente del Pozo)

III - Los Cazadores.

IV - En la Majada.

V - El Mirador del Ocaso.

VI - La Virgen del Monte (A Isabel Goig).

VII - La Iglesia en Ruinas (La Esperanza).

VIII - Las Hacenderas (Esfuerzos e ilusiones)

-Las cuernas de Sarnago-

(Suite para cuatro trompas)

Isabel Goig

Los monjes de San Pedro el Viejo ya escuchaban las cuernas
de Sarnago mientras entretenían sus horas con rezos de
nonas y vísperas. A la Fuente del Amor, o del Pozo, cobijada
por espinos, avisaban las cuernas a los enamorados de
presencias ajenas a los abrazos. A los cazadores ayudaban
para cercar las piezas. En las majadas tal vez para anunciar
la proximidad de algún lobo. En el mirador del Ocaso a fin de
llamar a quienes quisieran ver apagarse al sol creando
colores y tonos de fuego. Hacia o desde la Virgen del Monte,
cuando el santero tuviera alguna necesidad perentoria o,
sencillamente, para acompañarle en su soledad. Servirían los
sonidos de las cuernas para ayudar a la llamada a oración de
las campanas nuevas de la vieja iglesia arruinada cuando
aún no lo estaba. Las cuernas, viejas como el mundo, sonarían
ya desde el cerro pelendón del Castillo.
Los sonidos rituales, secos, broncos, telúricos, sobrecogedores,
sin más armonías ni acordes que aquellos que salen de los
pulmones y las gargantas de quienes soplan, hasta que el
maestro Castelló escribió los sonidos. Con las cuernas de
Sarnago, prestadas generosamente tras una comida
comunitaria en aquel pueblo de Altas Cumbres, ha compuesto
Manuel Castelló una suite para cuatro trompas. Por puro
placer, para revivir tiempos pasados que siguen estando,
ajados y dormidos, salvo las hacenderas en las que cada año,
sarnagueses e invitados, re reúnen para recuperar parte de
una forma de vida lejana pero impresa a fuego en la memoria
de todos.