La raíz de un pueblo es su cultura. Arañar en su historia, descubrirla y aprender de ella
Corría el verano de 1985 cuando, primero los jóvenes y después, poco a poco, todo el pueblo, sentimos la necesidad de guardar lo que el tiempo amenazaba con borrar. Así comenzó una recogida humilde y generosa de utensilios, herramientas y recuerdos, donados uno a uno para dar forma a lo que hoy es nuestra colección etnográfica.
No era solo una cuestión de objetos. Era, sobre todo, una forma de resistir al olvido. En aquellos años, Sarnago, como tantos pueblos de la España rural, había quedado prácticamente vacío. Las casas cerradas, las calles en silencio y la ausencia de vida cotidiana hacían temer que, junto a las personas, desapareciera también la memoria. Recuperar aquellos enseres fue, en realidad, recuperar una forma de vivir, de entender el mundo y de relacionarse con la tierra.
Con aquel gesto logramos un doble propósito: conservar parte de la cultura de nuestros antepasados y frenar, en la medida de lo posible, el expolio silencioso que sufren los pueblos deshabitados, especialmente en los largos inviernos, cuando parecen quedar a merced del abandono.
La colección, instalada en la antigua casa del maestro, busca recrear los espacios donde transcurría la vida: la cocina, centro del hogar; la alcoba, refugio íntimo; la despensa, símbolo de previsión; el trabajo en el campo y en la era, esencia del esfuerzo colectivo; y la cuadra o la majada, donde hombres y animales compartían el día a día. No son solo estancias, sino fragmentos de una vida que, aunque transformada, sigue latiendo en la memoria del pueblo.
Porque nuestras raíces no son únicamente pasado: son también una forma de entender el presente y de proyectar el futuro. En ellas está la dignidad del trabajo, la solidaridad vecinal, el aprovechamiento de los recursos y una manera de habitar el territorio en equilibrio con su entorno. Mantener viva esta herencia es, en definitiva, seguir dando sentido a Sarnago.
Aunque el museo ha permanecido tradicionalmente cerrado la mayor parte del año, su integración en el proyecto de Museos Vivos permite hoy realizar visitas en cualquier momento, facilitando el acceso y acercando esta memoria a todo aquel que desee conocerla.
La entrada es gratuita. Y quien lo desee, puede dejar un pequeño donativo que nos ayude a seguir cuidando este lugar, que no es solo un museo, sino un espacio donde la memoria se convierte en presencia y donde el pasado sigue acompañándonos en el camino.
YA SE PUEDE VISITAR EL MUSEO los 365 día del año
Hemos entrado en el proyecto Museos Vivos. Puedes coger cita en el siguiente enlace:
