El sábado 23 de mayo Sarnago volvió a demostrar que un pueblo no se recupera solo con dinero, sino con manos, ideas y comunidad.
Tuvimos otra hacendera de esas que dejan cansancio en el cuerpo y alegría en el alma. El buen tiempo acompañó y también el ambiente: conversación, trabajo compartido y esa sensación de estar construyendo algo que va mucho más allá de unas paredes.
Seguimos avanzando en El Refugio de Sarnago.
Se continuó levantando y cerrando el edificio, se terminó de arreglar la pared de las antiguas escuelas y, además, comenzamos las primeras pruebas para fabricar nuestras propias planchas aislantes de lana.
Lana de oveja lavada y trabajada por nosotros mismos, convertida en aislamiento natural para un proyecto que quiere unir tradición, sostenibilidad y futuro.
Piedra, madera y lana. Como se hizo siempre. Como quizá nunca debimos dejar de hacer.
Entre cubos de agua, herramientas, muros y vellones extendidos al sol, Sarnago volvió a latir.
Porque recuperar un pueblo no es solo reconstruir casas.
Es recuperar saberes, encuentros y motivos para volver.