Trinidad y Trinidad Chica: memoria viva de Sarnago
El fin de semana del 30 y 31 de mayo Sarnago volvió a reencontrarse con una de sus tradiciones más entrañables. La celebración comenzó en la noche del sábado con la tradicional Cena del Socio, un momento de convivencia y encuentro entre vecinos, descendientes y amigos del pueblo que sirvió como prólogo de una jornada cargada de simbolismo.
El domingo 31 de mayo, día de la Santísima Trinidad, decidimos recuperar de forma simbólica la antigua celebración de la Trinidad Chica, que tradicionalmente tenía lugar el lunes posterior a la Trinidad. Como este año muchos de nosotros no íbamos a poder estar presentes el día 1 de junio, quisimos rendir homenaje a nuestros mayores adelantando la celebración al domingo.
La jornada estuvo protagonizada por la procesión hasta la Cruz del Cerro, portando la talla de la «nueva» Virgen del Monte, reproducción de la antigua imagen realizada por Juan Ridruejo. El recorrido nos permitió recordar una tradición profundamente arraigada en la memoria colectiva de Sarnago.
Antiguamente, tras la fiesta grande de la Trinidad, todo el pueblo subía en procesión hasta este lugar. Allí se recordaba a los cofrades fallecidos, se pasaba lista a los vecinos y acudían también las móndidas, que abandonaban por un día los cestaños para cubrir su cabello con mantilla. Era una celebración que unía devoción, comunidad y memoria.
La tradición estaba además vinculada a la antigua ermita de la Virgen del Monte, cuyos restos todavía descansan junto al camino. Durante siglos, los sarnagueses acudieron a este rincón privilegiado para celebrar la primavera, compartir el día junto al arroyo de los Rincones y reforzar los lazos que daban sentido a la vida comunitaria.
Este año, bajo un paisaje especialmente verde gracias a las abundantes lluvias de la primavera, volvimos a recorrer juntos el camino hasta el Cerro. Lo hicimos para recordar a quienes nos precedieron, para agradecer el legado recibido y para demostrar que las tradiciones siguen vivas cuando hay personas dispuestas a conservarlas.
La celebración concluyó con un aperitivo compartido en la plaza, poniendo el broche final a una jornada sencilla, emotiva y profundamente vinculada a la historia de Sarnago.
Porque la recuperación de un pueblo no consiste únicamente en restaurar sus casas o sus calles. También significa mantener vivo el latido de su memoria, el recuerdo de sus antepasados y las tradiciones que durante siglos dieron sentido a la vida de quienes nos precedieron.