El zarzo y la duerna

La distribución de la comida en la majada superpoblada habría sido imposible sin dos instrumentos primitivos imprescindibles: el zarzo y la duerna

Abel Hernández


En la casa convivían de forma natural las personas y los animales, sin contar la presencia invisible de los muertos de la familia. Había un orden establecido desde antiguo. Los animales domésticos, menos los gatos, que gozaban del privilegio de andar por toda la casa, ocupaban la planta baja. Los perros se asentaban en el portal, cuando no andaban por la calle, que era su patria natural; las caballerías, en la cuadra, siempre de cara al pesebre; los cochinos, en las pocilgas, construidas rudimentariamente aprovechando los huecos y rincones; las gallinas dormían en los payos, ponían los huevos en unos nidales rudimentarios y circulaban, cacareando, por la cuadra, el portal, las «herrañes» y los cortinales, abanderadas por el gallo, que era además el despertador de la casa; y las ovejas, con el pequeño hato de cabras, dormían en la majada. El tibio olor de la lana sin esquilar se mezclaba con el tufo del sirle y el aroma del heno, el almizcle de los chivos y la flor seca de la esparceta. Un vaho cálido envolvía al visitante.
En los largos inviernos de las Tierras Altas, con la nieve cubriendo campos y caminos, las ovejas permanecían encerradas en el establo y había que proporcionarles alimento, que se guardaba desde el verano en el pajar contiguo. Muchas de ellas, fueran primalas o andoscas, parían mientras afuera nevaba y los carámbanos colgaban de los aleros. Más de una noche contemplé de niño por Navidad a la luz de un candil el asombroso nacimiento de un tierno caloyo. La madre le lamía amorosamente las parias y enseguida el corderillo recién nacido se ponía en pie y se agarraba a las rebosantes ubres de la madre. La distribución de la comida en la majada superpoblada habría sido imposible sin dos instrumentos primitivos imprescindibles: el zarzo y la duerna.
El zarzo era un tejido de varas, cañas o mimbres que, entre otros usos, servía, adosado en ángulo a la pared de piedra, para alojar dentro los gabejos de hierba y los brazados de esparceta que comían los animales a través de las amplias rendijas del mismo. Originariamente fue «sarzo», del verbo latino «sarcire», zurcir o remendar, por el tejido de varas entrelazadas. Con el nombre de talanquera, el zarzo se convertía también en valla o puerta rústica. La duerna, de raíz celta, «dürno», era un tronco hueco en forma de canal, cerrado por sus extremos, en el que se daba el pienso y la paja al ganado.
El zarzo y la duerna es lo que queda hoy en la majada vacía.